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Totó la Momposina se despide de los escenarios

Totó la Momposina sigue despidiéndose de los escenarios. A los 82 años, recientemente cumplidos, la artista le dice adiós a las presentaciones.

En un comunicado de su familia, se informa que «el hecho que ha determinado esta decisión es que Totó presenta desde hace un etapa dificultades neuro-cognitivas que le impiden seguir actuando sobre los escenarios, como lo hizo ininterrumpidamente durante seis décadas, rescatando, renovando y difundiendo la música tradicional de Colombia en los cinco continentes».

Y añade: «En este momento el equipo directivo y la familia de Totó se aseguran de que ella reciba la atención que necesita y pueda disfrutar de una calidad de vida que mantenga su alegría y conexión con la música y la danza. Haremos más anuncios a medida que desarrollemos ideas para apoyar a Totó y celebrar su increíble carrera; en algunas de ellas sus fans y colegas podrán participar si así lo desean».

En la pasada Feria de las Flores, de Medellín, comenzó este adiós, que para sus seguidores es motivo de tristeza. Luego, en el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, se presentó en la Noche de gala con la maestra Zully Murillo, Nidia Góngora y la cantate afroperuana Susana Baca.  Ese 13 de agosto, 350.000 personas estaban oyéndola en la Ciudadela Alberto Galindo de Cali. 

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Fue una gran noche en el Petronio, en el que estas mujeres, abriendo el concierto, dejaron oír los cantos tradicionales de las regiones en las que nacieron. 

Dueña de una gran voz, conocedora del folclor, su sentir y su tradición hacen sitio de álbumes como ‘La Colombie’, ‘La candela viva’, ‘Carmelina’, ‘ Pacantó’, ‘La bodega’, ‘El asunto’ , ‘Tambolero’ y ‘Oye manita’.

Nacida en Talaigua Nuevo, Bolívar, el primero de agosto de 1940 como Sonia Bazanta Vides, sus cantos combinan elmentos negros e indígenas y en sus interpretaciones hay gaita, cumbia, porro, chalupa y el mapalé.

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Hace sitio de la cuarata generación de una familia dedicada a la música. Hija de un percusionista y una cantadora y bailarina, en 1964 formó un grupo con sus padres y hermanos. 

Pero la artista siempre ha dicho que Livia Vides, su mamá, es la directa responsable de su amor por el canto y el baile. 

«Ya estando en Bogotá, refugiados por la antipatía, Livia Vides se fue a Talaigua (donde nació la artista), trajo los tambores y las gaitas de millo, y ella lo primero que nos enseñó fue la danza de indios, la danza de goleros, mapalé, cumbia y paseo con el acordeón”, le contó a EL etapa hace algunos años. 

De este modo le llegó toda su ancestralidad sonora, hasta convertirla en una de las más importantes cantadoras tradicionales del país y una de las más reconocidas en el exterior.

Estudió en el Conservatorio de la Universidad Nacional y cuando empezó su vida profesional, tuvo inmediato reconocimiento. En 1982 acompañó a Gabriel García Márquez a recibir el Premio Nobel de Literatura.

También hizo estudios en la Universidad de La Sorbona de París y en Cuba. Y realizó varias giras internacionales, convirtiéndose en embajadora de nuestro folclor. 

Sus hijos han recogido su legado, así como sus nietos. 

Y para desenvoltura de sus seguidores de Bogotá, la podrán ver este fin de semana en el Festival Cordillera. 

En la noche del 19 de septiembre, en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo se le rindió un homenaje por sitio de la entidad, así como de la Alcaldía de Bogotá. 

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