InicioMundoUna cinta recién revelada arroja nueva luz sobre la explosión del dirigible...

Una cinta recién revelada arroja nueva luz sobre la explosión del dirigible Hindenburg en 1937 | Internacional | Noticias

Por varias décadas se ha desconocido qué ocasionó el incendio del dirigible Hindenburg. Imágenes nunca antes vistas podrían ayudar a resolver este misterio.

En la noche del 6 de mayo de 1937, la aeronave más grande jamás construida por la humanidad surcó por los cielos de Nueva Jersey (Estados Unidos) y se preparó para aterrizar.

El dirigible Hindenburg se acercaba al final de un viaje de tres días a través del océano Atlántico desde Fráncfort (Alemania). Fue un espectáculo y un acontecimiento informativo. Espectadores y equipos de noticias se reunieron para ver el aterrizaje del gigante de 800 pies de largo.

Y luego, en medio minuto, todo terminó. Las llamas brotaron del interior del zepelín, alimentadas por el gas hidrógeno inflamable que lo mantenía en el aire, y consumieron toda la estructura, acabando con 36 vidas. Este acontecimiento es considerado como una de las grandes tragedias del siglo XX, junto con el hundimiento del barco Titanic y la explosión del transbordador espacial Challenger.

Fotógrafos presentes en el lugar capturaron a través de fotos y videos este suceso, cuyas imágenes, difundidas por la prensa en todo el mundo, mostraban desde una vista cercana el incendio de la nave mientras caía del cielo. Sin embargo, una cinta recién revelada, que capturó los primeros momentos del desastre, podría ofrecer nuevas pistas sobre lo que provocó el incendio.

La cinta oculta

Un fotógrafo aficionado llamado Harold Schenck se encontraba en el lugar, pero estaba ubicado en una zona diferente, que permitía observar al gigante dirigible desde otro punto de vista.

Schenck se dio cuenta de que el Hindenburg estaba en llamas y comenzó a filmar antes que los corresponsales de prensa; su lente gran angular y la vista lateral de la aeronave capturaron toda la longitud del Hindenburg mientras ardía, ofreciendo una perspectiva que faltaba en la cobertura de las cámaras de noticias.

El ángulo más amplio de las imágenes de Schenck también enfatiza la rapidez con la que se desarrolló el impactante evento y cómo debió verse el desastre ante los horrorizados espectadores que estaban en la escena.

“Estas tomas se hicieron públicas en el momento en que el fotógrafo tenía el metraje, pero nadie lo pidió”, dice Bob Schenck, el sobrino de Harold, en un nuevo documental del canal estadounidense PBS: Hindenburg: The New Evidence.

“Había muchas imágenes tomadas por los noticiarios y a nadie le importaban, realmente, supongo, los ángulos”, reveló.

Desenterrando el pasado

El ángulo nunca antes visto proporcionó a los investigadores pistas sobre el antiguo misterio de lo que generó la chispa que prendió fuego al hidrógeno.

Para investigar este suceso, los productores del documental contactaron a Konstantinos Giapis, del Instituto Tecnológico de California, profesor de Ingeniería Química, para ayudarlos a recrear los últimos momentos de la aeronave y desentrañar sus secretos.

El zepelín, que fue diseñado por Zeppelin Company, una firma alemana conocida por sus grandes y lujosos dirigibles, contenía siete millones de pies cúbicos de hidrógeno inflamable. “Combine ese hidrógeno con oxígeno del aire y una fuente de ignición, y tendrá ‘literalmente una bomba’”, dice Giapis.

La pregunta clave, pero sin respuesta desde hace mucho tiempo: ¿cómo se inició el fuego? Algunos expertos han teorizado que los motores del Hindenburg, que quemaban combustible diésel, eran los responsables. Otros han sugerido que la catástrofe fue un acto de sabotaje, destinado a hacer quedar mal al Gobierno de la Alemania nazi.

Los dirigibles como el Hindenburg estaban hechos de una estructura de metal cubierta con una “piel” de algodón revestida que luego se inflaba con hidrógeno, y el hidrógeno es altamente inflamable si se expone al aire y se mezcla con oxígeno, según la Royal Society of Chemistry (Real Sociedad de Química, en español).

Las teorías más creíbles, sin embargo, se han centrado en la descarga electrostática: el mismo impacto que se obtiene cuando se frotan las medias en la alfombra y se toca algo metálico. Giapis pensó que esto era lo más probable.

La idea básica es que a medida que el Hindenburg se movía en la atmósfera tormentosa, su piel acumulaba una carga estática. Y al igual que la energía que se puede sentir cuando alguien toca el pomo de una puerta, el Hindenburg podría haber sido afectado cuando llegó para su aterrizaje en Nueva Jersey. Si el hidrógeno de la nave hubiera tenido una fuga, como se cree, esa descarga podría haber incendiado el gas.

De acuerdo a Dan Grossman, historiador de la aviación y uno de los expertos del documental, esta tragedia sucedió de esta forma porque los oficiales que volaban la aeronave no siguieron los protocolos de seguridad bien establecidos que hicieron que el vuelo de la aeronave fuera seguro o, al menos, “tan seguro como podría ser”.

Ese día hubo una tormenta que creó un ambiente cargado de electricidad que aumentó el riesgo de descarga estática. Los operadores también tenían buenas razones para creer que el hidrógeno se estaba escapando cerca de la cola del Hindenburg, ya que había una pesadez inusual en esa área que podría haber indicado una fuga, indicó Grossman.

Dadas estas circunstancias, no deberían haber intentado lo que se conoce como un aterrizaje alto, en el que una aeronave dejaría caer sus cuerdas de aterrizaje mientras aún estaba a gran altura y luego sería arrojada al suelo, una práctica que tenía un mayor riesgo de generando chispas que un aterrizaje bajo.

“Nunca se puede operar una aeronave de hidrógeno con total seguridad, y ciertamente nunca se puede operar una con total seguridad donde hay tormentas eléctricas”, dijo. Concluyó diciendo que estas aeronaves se pueden operar “de una manera más segura o menos segura, y eligieron la forma menos segura eligiendo un aterrizaje alto en lugar de un aterrizaje bajo”. (I)

Artículos relacionados